LAS NUEVAS (Y EXTRAÑAS) COSTUMBRES EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

CORONAVIRUS

El viejo axioma del periodismo indica que es una tarea que se realiza en la calle: qué pasa allí con la gente que sale -de manera justificada- durante la cuarentena obligatoria.

La pandemia cambió la forma de vivir de las personas en las grandes ciudades. Y según indica el viejo axioma del periodismo, es en la calle donde están las historias que merecen ser contadas. En los esporádicos “paseos” que se pueden realizar durante la cuarentena obligatoria decretada por el presidente Alberto Fernández surgen nuevas costumbres que hacen sentir “seguros” a los transeúntes.

Ir, ver y contar. Además de los mensajes por whatsapp y los llamados telefónicos, todavía se puede ejercer el periodismo bajo las reglas de la vieja escuela. Salir a la verdulería puede convertirse en una hazaña, digna de ser contada. El comportamiento de la gente cambió y acorde a pensadores y filósofos de todo el mundo, tras el coronavirus se instaurará una manera de vivir muy parecida a la que se llevaba antes, pero con cambios drásticos.

 

En esta primera instancia pareciera que salir a hacer las compras se transformó en la actividad favorita de chicos y grandes. Hacer la fila en la puerta de un supermercado pocas veces generó tanta satisfacción y esa sensación de libertad: el viento desordenado el pelo, el sol en la cara. Y para justificar esas salidas, ante tanto control policial y noticias intimidantes sobre multas y detenidos que violaron el decreto del presidente, los porteños toman algunos recaudos para poder salir, aunque sean 10 o 15 minutos. Porque las reglas están hechas para ser cumplidas, aunque tienen fisuras como un glaciar que deja filtrar el agua que se endurece y rompe. A saber…

La bolsa de tela, el nuevo DNI

Está claro: si una persona camina por la calle con una bolsa de tela de algunas de las cadenas de supermercado, está a salvo. Tiene la excusa perfecta para estar al aire libre, caminando, aprovechando el aire libre y limpio ante la escasa circulación de motos, autos y colectivos. Sabe que tal vez no la necesite -porque apenas salió por dos tomates-, pero la lleva en la mano o doblada debajo de la axila, o hecha un bollo. Pero funciona como un documento inobjetable listo para ser exhibido en caso de que algún miembro de las fuerzas de seguridad sospeche. Y si encima hay carrito, mejor.

El paseo eterno del perro

Aquí existe un vacío legal. El Decreto 297/2020 que ordena la cuarentena obligatoria no indica si se puede o no sacar a pasear al perro. Oficialmente no hay ninguna regulación, pero se apela al sentido común de los dueños. Desde el gobierno porteño advirtieron que “se lo puede sacar en la puerta de la casa de cada uno, no irse a Palermo”. Y no hace falta más que asomarse por el balcón o chusmear por la ventana para ser empírico: el paseo a la mascota es un seguro en la calle. El que anda con correa y can, se siente tranquilo porque camina -bolsita para la caca en mano- por los márgenes del Decreto. Y tiene un valor agregado: a diferencia de la caminata al mercado, puede pisar el pasto si vive cerca de una plaza.

La compra innecesaria, pero esencial

El comportamiento de las personas en cuarentena se ve completamente afectado. Porque antes si hacía falta manteca, pero había margarina la merienda se resolvía igual. Ahora todos los productos se volvieron “esenciales”. Si está la moneda en el bolsillo, no hay lugar para dudar y saltar del sillón en busca de eso que falta: alcohol en gel, lavandina o media docena de huevos. ¿Quién dijo que dos botellas de vino no son esenciales en este presente?

La solidaridad con los vecinos, otro pasaporte a la aventura

La pandemia y el encierro dejan al desnudo un montón de miserias de una sociedad burguesa occidental: el impacto en el medio ambiente, el transporte colapsado, la falta de paciencia, la ansiedad, la falta de cordialidad, la amabilidad; el apuro incesante para llegar primero e irse rápido para salir corriendo a hacer otro trámite. Todo eso forma parte del pasado y de la misma manera que el coronavirus deja en evidencia las carencias burguesas, despierta otras bondades que parecían dormidas: “¿Necesitas algo?, llámame”; “¿Quieres venir a casa a pasar la cuarentena?”; pero la forma de manifestar solidaridad que se viralizó en esta primera semana de cuarentena obligatoria es el cartel en el ascensor: “Vecinos, soy Fulano, del 5to A. Estaré saliendo a realizar compras todos los días a partir de las 15, si alguien necesita algo -sobre todo los mayores- puede ponerse en contacto conmigo”. Al menos eso, aplausos. 

 

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