JUEGOS CON TU BEBÉ PARA PONER SU CUERPO EN ACCIÓN

BEBE

Por qué te lo recomendamos: Porque son propuestas que no necesitan un elemento en particular, sino que solo requieren que estemos disponibles para estar y disfrutar, aquí y ahora, juntos.

¿Qué ves cuando me ves?

Desde los inicios de gestación, el movimiento es vivencia, es construcción corporal. Los vaivenes en la panza, los balanceos, los giros en ese medio acuático que acompaña las vivencias propioceptivas… Y ya afuera, si miramos bien, si vemos con atención, estos movimientos continúan. Los bebés que gozan de buena salud son grandes bailarines; si los observamos, podemos verlos realizar unos movimientos bellísimos, dignos de cualquier danza: movimientos que primero son descoordinados pero que, de a poco, y a fuerza de la práctica, van aprendiendo a dominar.

El o la bebé, desde muy temprana edad, construye su cuerpo en la experiencia libre y espontánea; es sólo cuestión de observarlos, pero así que experimentan nuevas formas de ser y estar en el mundo, van construyendo una idea propia de su cuerpo y el de los demás. Por eso, creemos en la libertad de movimiento de él o la niña, ¡desde su nacimiento!

Acompañar y elegir un buen momento

Entonces, ¿no hacemos nada? ¿Sólo dejar que se muevan? Claro que sí: dejar hacer es ya bastante, sin embargo, hay más. Los bebés siempre necesitan de la presencia de un adulto, porque claramente no pueden valerse por sí mismos. Entonces, es función del adulto acompañar y propiciar el espacio-tiempo para favorecer esa iniciativa de moverse. Nuestra función es bien clara: elegir el momento del día más adecuado, sin hambre, sin sueño. Esos ratos donde están más curiosos, más activos y nosotros, sin apuro, disponibles.

Ofrecerles una ropa cómoda, sin tanto abrigo. Descalzos es una gran opción.

Armar un espacio pertinente y seguro: nada mejor que el piso que tiene la firmeza justa para apoyarse y es seguro… Sólo basta una manta que dé sostén y amortigüe la dureza y aísle de la temperatura. No se sugieren las camas ni espacios en altura porque puede haber caídas.

Elementos y contención

Elegir qué objetos les ofrecemos, que sean pocos, seguros, pertinentes y con la posibilidad de que sean explorados y manipulados (pensamos a la boca como un lugar de exploración). Generalmente, los objetos de madera son los más eficaces; también telas pequeñas o compoteras de plástico. Esto irá variando, claro, a medida que el o la niña crezca y, con ellos, el interés.

Es recomendable no abarrotarlos de cosas: con colocar solo algunas alrededor alcanza, alternándolas para mantener la curiosidad.

Estar cerca conteniéndolos, sosteniéndolos y ¡mirándolos! Ellos continuamente van a buscar nuestra mirada, un gesto de respuesta, la sonrisa y la voz… Es importante estar ahí, con la distancia suficiente para que exploren por sí mismos, con la proximidad justa para que sepan que no están solos.

Y cuando se cansan de jugar con su cuerpo y moverse… ¡Bienvenidos los juegos a upa, cara a cara! “¿Dónde estás? Acá estás”. Jugar al espejo e imitarse. Hacer sonidos graciosos.

Por último, ¿por qué no terminar este rato de juego con canciones dulces a upa, bailando y dando vueltas en brazos de mamá y de papá?

 

Deambuladores, al vaivén

Para los que ya empezaron a trasladarse gateando o dando los primeros pasos, las cosas cambian. Se convierten en grandes conquistadores de espacios. Difícil detenerlos en su necesidad de exploración, de su ir y venir constantes. Pero en esta iniciativa, podemos sumar objetos que enriquezcan la actividad, nada ostentosos. Entonces…

-Una caja o palangana puede ser: un auto para pasear, una casa para entrar y salir, un refugio, un castillo, o aquello que más les guste imaginar.

-Una tela puede ser: una alfombra mágica para pasear, una envoltura amorosa, un escondite -pero que nos encuentren pronto-.

-Cajitas pequeñas pueden ser torres que se derriban, pero enseguida se vuelven a construir (con algo de ayuda).

-El propio cuerpo y el cuerpo del otro: para explorarnos, encontrarnos y mecernos, pasear juntos como si voláramos en aviones con nuestras piernas, enrollarnos y desenrollarnos.

– Girar, saltar y correr porque sí, porque la sensación de vértigo es maravillosa si es uno es quien lo realiza.

Y siempre, que mamá y papá estén cerquita, para poder encontrarnos en abrazos y upas.

Dar lugar a la curiosidad

Nada de esto cuesta mucho más que tiempo y disponibilidad. Es querer estar ahí para compartir este momento, que es ahora, y que después ya no estará. Siempre atentos a que puedan estar en ambientes seguros, donde no haya objetos que romper o muebles que entorpezcan el paso. Nosotros acompañando con palabras, valorando sus logros, favoreciendo nuevas y distintas formas de explorar el mundo. Lo fundamental es dar lugar a esa curiosidad innata, que hoy se manifiesta a través del cuerpo, más adelante será con los pensamientos.

Y cuando el cansancio aparezca, que surjan canciones que hablen del cuerpo para empezar a identificarlas; descansar acostados mirando objetos alrededor, señalándolos, nombrándolos; hacer sonidos de animales, cantar.

En estas sugerencias, bien valen las improvisaciones, las creaciones compartidas. De lo que se trata es que sean momentos de disfrutarse, donde se privilegie la iniciativa de los peques, sus tiempos, sus formas… Estar atentos a sus demandas y necesidades, proponiéndoles también opciones para descubrir.

Porque para eso pueden servir estos tiempos críticos: para vincularnos más profundamente, para ver que lo esencial está ahí, mucho más cerquita de lo que todos pensábamos.

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